Resulta que nada más levantarme, estando sólo en mi casa, fui al baño a orinar. Al llegar al baño, dejé el teléfono encima de la cisterna inocentemente. Cuando terminé de hacer mis necesidades, alargué la mano para coger el teléfono de encima de la cisterna; pero ocurrió lo que todos sabéis, se me calló dentro del retrete. Al principio se calló hacia un lado del retrete, pero con mi buena suerte no podía quedarse ahí la cosa, sino que revotó donde tenía el papel y se coló dentro del wáter sin que yo pudiera hacer nada. Bueno, en realidad si podría haberlo cogido, pero me quedé embobao como un anormal mirando cómo se deslizaba el teléfono sobre el retrete hasta llegar al agua que, más que agua, era una mezcla de agua y sustancia amarilla que todos sabéis qué es. Al ver que el teléfono se metía entero y ya no salían burbujitas de él, me quedé pensando un ratillo si merecía la pena meter ahí la mano para cogerlo. Finalmente, me remangué la manga derecha del pijama y, poniendo una cara de gran asco, metí la mano y la saqué rápidamente arrojando el teléfono al lavabo. Después, estuve otro rato pensando qué narices iba a hacer con ese aparato apagado y empapado en orina. Al rato, decidí ponerme manos a la obra con él e intentar arreglarlo:
-Primero le quité la tapa de la batería y se la desenchufé.
-Luego intenté abrirlo por la mitad, pero después de media hora me di cuenta que no podía. Así que fui a la cocina y cogí un cuchillo para hacer palanca, lo que me dio buen resultado.
-Después de abrirlo, empecé a desmontarlo y a sacar todas las cosas que pude haciéndome creer que era un manitas y que entendía del tema.
-Una vez desmontado, me fui al baño a por el secador de pelo. Cuando volví a la cocina empecé a enchufar a todas las piezas del teléfono para que se secaran.
-Cuando conseguí secar todas las piezas, empecé a montarlo como si llevara toda la vida haciéndolo. Algunas cosas me costaron un poquillo porque no me quedé con la copla y no sabía donde iban.
-Después de haberlo montado casi entero me di cuanta de una cosa, la pantalla estaba empañada y no podía desempañarla. Así que me tocó volver a desmontarlo y enchufarla con el secador con aire frío, cosa que dio resultado, y lo volví a montar de nuevo.
-Al ver que ya lo tenía casi montado me crecí y una alegría llenó mi cuerpo, hasta que al intentar poner la última pieza, la batería, vi que era imposible meterla en su hueco ya que se había hinchado. Después de intentarlo durante media hora me di por vencido y lo dejé como estaba.
-Finalmente tenía que hacer la prueba para saber si todo mi trabajo había valido la pena y cogí el móvil y llamé. El teléfono comenzó a sonar, aunque un poco porcio, y me sentí todo un manitas.
Cuando se enteraron mis padres mi calló un poquito de peta, pero lo arreglé fardando de que lo había reparado yo solito.
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