jueves, 24 de marzo de 2011

Historia extraña

 Un buen lunes por la mañana, me desperté para ir al colegio a las 8:00 de la mañana. Después de desayunar, vestirme, preparar mi cuarto y lavarme, me bajé a la calle a esperar a mis amigos para ir juntos al colegio. Al rato, miré mi reloj y vi que eran las 8:58, y que por lo tanto, llegaba tarde al colegio. Me extrañó un poco que mis amigos se hubieran ido sin llamarme y me enfadé con ellos.
 Al llegar al colegio, entré en clase y el profesor ni me miró ni apuntó que había llegado tarde, cosa que me alegró. Me senté en mi sitio y pregunté a mis compañeros que en qué página estábamos, pero ninguno de ellos me hizo ni el menor caso. Cuando vi que nadie me hacía caso, se lo pregunté al profesor, pero él también hizo como si no existiera. Al ver que todos pasaban de mi, me incliné para ver el libro al compañero y saber en qué página estábamos. Cuando terminó la clase, todos se levantaron y empezaron a hablar y a hacer tonterías. Como es normal, yo también empecé a hacer tonterías con ellos, pero ninguno me miraba ni me hacía caso. ¡Era como si no existiera! Me sentí fatal por que nadie me hacía caso y me fui a la otra clase para hablar con mis amigos para decirles que por qué no me habían llamado esta mañana para ir al colegio y que por su culpa había llegado tarde. Les empecé a chillar y a tocar para que me dijeran algo, pero nada, ni una sola mirada. Esto ya me empezó a resultar muy raro. En la segunda hora volví a mi clase, que tenía mi clase favorita, Lengua, y además con mi profesor favorito, Juan Antonio. Cuando entró a clase preguntó: 
 -¿Falta alguien?
 Y mis compañeros contestaron:
 -Si, Jorge Montero.
 Entonces yo me levanté y grité:
 ¡Pero si estoy aquí! ¿Es que nadie me ve? 
 Al ver que tampoco me miraba nadie, me fui de clase y me quedé en el baño. Cuando me asomé al espejo vi una cosa que me aterró: no me reflejaba en él. En ese momento pegué un brinco para atrás y me caí al suelo. 
 Después de unos minutos me di cuenta que era una gran suerte ser invisible, yo que podía hacer todo lo que me apeteciera sin que nadie me viera ni me dijera nada. Entonces me quedé pensando en qué podría hacer primero ahora que era invisible, y me decidí por ir a la tutoría para ver qué hacían los profesores en su tiempo libre. Al rato de estar ahí, me aburrí porque no hacían nada interesante y me fui a la cocina para ver cómo preparaban la comida. Os aseguro que si hubierais visto las cosas que yo vi en la cocina se os quitarían las ganas de comer en el colegio. 
 Cuando terminó el colegio, decidí ver una película en el cine, ya que podía pasar sin que me vieran. Me metí en la sala que echaban Torrente 4 y me partí de la risa. Al terminar la película me entró hambre y me fui al Mcdonals a por algo de comer. La verdad es que es difícil coger algo donde hay mucha gente cuando eres invisible, pero bueno, me colé en la cocina y me cogí cuatro hamburguesas. 
 Después de comerme las hamburguesas, me quería divertir un poco haciendo cosillas a la gente. Comencé por quitar la silla a la gente cuando se iba a sentar; luego cuando veía a niños que se iban a cruzar, daba una colleja a alguno y así se pensaba que era de los otros.
 Cuando ya era tarde, volví a casa para dormir. Al llegar, mi familia estaba preocupada porque no sabían nada de mí. Así que decidí llamar a mi casa desde mi móvil y decirles que iba a dormir en casa de un amigo. Cuando mis padres y mi hermana se fueron a dormir, yo me quedé viendo la televisión hasta que me entró sueño. Me fui a la cama y me dormí pensando en las cosas que haría el próximo día.

2 comentarios:

  1. ¡Pelota!

    Me ha gustado mucho tu relato kafkiano, aunque yo no sé si eras invisible o, directamente, estabas muerto, o eras un vampiro...Yo siempre le doy un tono más siniestro a las historias.

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  2. jajajaja No soy pelota, soy sincero. jajaj
    Y era invisible :)

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